En un mundo donde los efectos del cambio climático son cada vez más evidentes, el turismo no puede quedarse atrás. La industria turística, responsable de cerca del 6,5% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero según el World Travel & Tourism Council, enfrenta hoy el desafío de transformarse sin perder su capacidad de generar empleo, cohesión territorial y experiencias significativas.
Chile, por su geografía diversa y su riqueza natural y cultural, tiene una oportunidad única de liderar esta transformación. Pero para hacerlo, es clave pasar del discurso a las herramientas. Ese ha sido uno de los enfoques que hemos promovido desde el programa Transforma Turismo, impulsado por Corfo, a lo largo de sus ocho años de trabajo: convertir los grandes desafíos en soluciones accesibles para los territorios y quienes operan en ellos.
Ya en 2017 dimos un primer paso con el Modelo de Gestión Cero Emisión en Áreas Silvestres Protegidas, desarrollado a partir de un piloto en el Parque Nacional Conguillío. Este modelo propuso una ruta para reducir las emisiones de la operación turística, abordando consumo energético, eficiencia, infraestructura y vinculación comunitaria.
Más recientemente, entre 2023 y 2024, impulsamos la elaboración de 87 recomendaciones para un turismo sostenible en áreas protegidas, resultado de un proceso participativo con más de 270 actores del ecosistema turístico nacional. La propuesta recogió miradas regionales y locales, en línea con la implementación de la nueva Ley del Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas (SBAP). Fue una señal clara de que el diseño de políticas públicas requiere escuchar a los territorios y que es necesario regular el turismo en zonas de conservación.
A nivel más operativo, también hemos generado un kit para impulsar la economía circular en destinos turísticos y en empresas turísticas, que cuentan con autodiagnóstico, recursos gráficos, listas de proveedores y campañas comunicacionales para destinos y empresas.
En distintos territorios, también se han fortalecido procesos de gobernanza orientados a la sostenibilidad, avanzando mediante certificaciones internacionales. Un ejemplo de ello son las iniciativas vinculadas a Green Destinations, una organización global que promueve el turismo responsable a través de estándares de sostenibilidad reconocidos internacionalmente. Este modelo ha sido aplicado en destinos como Camarones (Arica y Parinacota), Maricunga–Ojos del Salado (Atacama), Cerro Castillo y el Parque Andino Juncal, donde se han desarrollado estrategias locales para mejorar la gestión del turismo y reforzar la protección del entorno.
Todas estas herramientas buscan facilitar la transición hacia un turismo más consciente y resiliente. Sin embargo, el camino está lejos de estar completo. Aún enfrentamos brechas importantes en la implementación efectiva, en la inversión pública y privada, en la formación de capacidades y en el seguimiento de estas medidas en el tiempo. La pregunta no es si debemos avanzar hacia un turismo sostenible, sino cómo lo hacemos de manera concreta, realista y a escala territorial.
Ahí está el desafío. Necesitamos seguir traduciendo los compromisos en acciones posibles, y hacerlo en colaboración con los gremios, emprendedores, gobiernos locales, comunidades y quienes viajan. Por ello es tan importante también reconocer el valor de las gobernanzas locales e impulsar su profesionalización y fortalecimiento, para que este tipo de instrumentos sean conocidos, usados, cuestionados y mejorados en el marco de un trabajo colectivo y bien coordinado. Porque solo así el turismo podrá convertirse en un verdadero motor de desarrollo sostenible para Chile y lograremos dar el salto competitivo que Chile necesita.

